Teatro

El arte de Talía tiene sus orígenes en los albores de la civilización humana junto a la danza, la música y las demás artes; íntimamente ligado a la poesía, el arte dramático, constituye una de las más importantes y refinadas manifestaciones del espíritu humano.

Esencialmente el teatro es creación, acuerdo y trabajo en equipo en donde habitualmente conviven el resto de las artes, o al menos, deberían convivir. Un actor es un individuo capaz de transmitir emociones, no un lorito repetidor de discursos ajenos. Un actor es un creador y del trabajo en equipo de varios actores nacen el drama y la comedia, que unidos al trabajo de otros creadores de las artes musicales, plásticas y de expresión conforman un espectáculo. Eso es el teatro y lo demás son gaitas.

Dadas estas premisas la formación del actor constituye el hecho esencial del arte escénico y ahí le duele porque algunas de las personas que suelen situase en el espacio escénico carecen de la amplia formación que su responsabilidad requiere. Los hay aún más despistados, sin ir más lejos los funcionarios del MEC o cualquier hijo de vecino que se agarra a un texto más o menos trillado y con él y cuatro criaturas inquietas ponen en marcha un proyecto teatral que estrenan a bombo y platillo a final de curso consiguiendo vulgarizar al extremo un arte tan digno como desconocido.

Para colmo de males, buena parte del público cree que eso es el teatro: jóvenes que apenas saben moverse en escena repitiendo de memoria discursos que apenas llegan a entender.

La vulgarización en el mundo artístico es común, cualquiera se pone a reproducir a Murillo, pero en ninguna de las áreas artísticas esa vulgarización es tan generalizada y lamentable.

Las Ferias de Teatro son unos de esos pocos reductos en dónde aún se puede ver Teatro con mayúsculas, en dónde puede aún sorprendernos la creatividad de actores y directores, el hallazgo de alguna de las claves vitales para nuestra existencia, el lugar para una auténtica manifestación artística y por lo tanto creativa.

El arte dramático, como cualquiera de las artes, conlleva un aprendizaje técnico especifico. Materias tales como: ortofonía, sensibilización, interpretación, improvisación, son apenas una breve muestra de las disciplinas elementales de cualquier escuela de teatro. En la mayor parte de los países europeos la dramatización es una carrera universitaria, en los países orientales se requieren diez años de aprendizaje para salir a escena, en España es una especialización de los bachilleratos artísticos con posterior acceso a Bellas Artes.

Sin restarle validez al teatro aficionado, sería deseable al menos una mínima preparación específica de los profesores del MEC que se ocupa del área teatral en nuestros institutos, con el objeto de no continuar confundiendo sin remedio a bachilleres y público en general, al menos se podría conseguir no destrozar los aparatos fónicos de los adolescentes o evitarnos el lamentable espectáculo de ver a niñas de trece años representando La Casa de Bernarda Alba, al borde de un colapso nervioso, por carecer de preparación las más elementales técnicas del Arte Dramático.