Todos sabíamos que la señorita Piluca se dormía un ratito después del recreo y para que no se despertase casi no hacíamos ruido, pero nos pasábamos papelitos escritos de mesa en mesa con los resultados de las divisiones y de los quebrados.

A veces los papelitos no coincidían y se armaba un poco de lío, la señorita se empezaba a mover y no nos quedaba más remedio que hacer cada uno las nuestras.

Cuando se jubiló la señorita Pilar, llegó la señorita Mary. Todos esperábamos que la señorita nueva también se durmiese después del recreo y que fuese pequeñita y con faldas de flores y botines bajos en primavera y una toquilla verde para los días de Enero.

Pero la seño nueva ni llevaba botines ni toquilla, ni se dormía casi sin darse cuenta después del recreo. La primera vez que la vimos sí que llevaba una faldita de flores pero más larga que la de seño Piluca y con más colores.

Antes de verla oí sus pasos que sonaban igual que cuando alguien tocaba la aldaba de casa y el corazón se paraba un momento, como esperando. Después la habitación se llenó como de neblina y apareció por la puerta con la sonrisa más extraordinaria del mundo. Y me miró a mí.

Sole dice que primero la miró a ella. Sole siempre quiere ser la primera en todo y a veces se pone un poco pesada la pobre. Dice la señorita Mary que es mejor no darle importancia a ésas cosas porque si te pones a buscar defectos a los demás seguro que los encuentras y luego te pasas la vida enfadado creyendo que todo está mal.

Aquella mañana también vino el padre de Sole que nos dijo que a partir de ese día tendríamos nueva maestra y que nos teníamos que portar bien, ser obedientes y rezar todas las mañanas como hacíamos con la señorita Pilar.

Pero cuando se fueron todos y nos quedamos solos con ella en lugar de rezar, la señorita Mary nos recitó una poesía.

“Margarita está linda la mar/ y el viento tiene esencia sutil de azahar...

llenar de neblina blanca y todo se quedó como quieto, como si el tiempo se hubiese suspendido. Hasta las flores del almendro que acababan de salir se quedaron sin moverse. Nunca habían oído cosas tan bonitas.

Una tarde la princesa vio una estrella aparecer/ la princesa era traviesa y la quiso ir a coger...

Yo sentía que era la princesa primorosa y esa tarde cuando volví a casa iba como si mis pies no tocaran el suelo, como si en vez de caminar me deslizase por encima de las flores de los almendros que acababan de salir.

Me sentía tan bien que ni siquiera me importó que mamá estuviese otra vez en la cama. Juanillo andaba por ahí comiéndose la tierra a manos llenas así que le di pan con aceite y azúcar y le empecé a contar la poesía...

Las princesas primorosas se parecen mucho a ti/ - le decía yo a Juanillo- cortan lirios, cortan rosas/ cortan astros son así.

Juanillo me miraba con los ojos grandes y negros y los morritos llenos de aceite dulce y decía: “más, más”.

Mientras, yo intentaba acordarme del resto de la poesía, pero como no lo conseguía me lo tuve que inventar y al final le conté a Juanillo una historia muy larga llena de princesas y estrellas, príncipes, caballos y magos que convertían en hielo a los pastores que se portaban mal, hasta que mamá me llamó y me dijo que fuese a buscar a la abuela.

Ya casi era de noche cuando consiguió encender la lumbre, como la pobre no veía casi nada le costaba mucho hacer cualquier cosa y además había que estar pendiente de ella porque se equivocaba a veces, como cuando confundió la botella de aceite con la de lejía y casi nos mata a todos.

Pobre abuelita mía, el médico dice que tiene cataratas y que no tiene cura.

Después de cenar metimos a Juanillo en la cama y yo me quedé haciendo las tareas al lado de la lumbre. Oí a mamá llorar despacio en su cuarto y me acerqué hasta su cama y le pasé despacio la mano por la frente para que no tuviese miedo. Yo sabía que estaba muy preocupada porque papá no volvía, aunque el médico dijese que estaba mal de los nervios y le recetase esas pastillas que le daban tanto sueño.

Cuando mamá dejó de llorar, me fui derechita a mirar el atlas para ver donde se había ido papá. Parecía que Alemania estaba muy cerca, solo a tres dedos y se podía ir andando. A lo mejor papá se había ido andando para ahorrarse el coche de línea y por eso tardaba tanto. La señorita Mary dice que mejor no pensar en que pueden ocurrir cosas malas, primero porque casi nunca pasan de verdad y segundo porque si suceden, lo habremos pasado mal dos veces, y no merece la pena.

Papá se ha ido a Alemania porque tiene un primo allí que se ha hecho rico muy pronto y porque aquí ya no podía seguir trabajando desde que le quitaron las tierras a la gente para hacer el pantano. Si no le hubiesen quitado las tierras a la gente seguirían llevando el trigo al molino y papá podría seguir haciendo el pan como antes.

Así que papá se ha ido a trabajar un poco con su primo y cuando se haga rico vendrá y pondrá una panadería en Biescas, para estar más cerca del pueblo. Los abuelos se vendrán con nosotros y mi hermano y yo iremos a estudiar al instituto de Sabiñánigo.

La señorita Mary es muy guapa. Casi tanto como mamá. Tiene los ojos verdes y las pestañas muy largas y el pelo rubio, pero rubio oscuro que casi no parece rubio, y con rizos grandes y nos ha dicho que nosotros también podemos hacer poesías si queremos.

Nos hemos quedado todos de piedra. No creo que podamos. También quiere que hagamos una función de teatro y que nos vayamos de excursión a esquiar a Formigal, toda la clase.

El padre de Sole ha dicho que está loca y la madre de Mariaje que la seño es así porque ha estudiado en Francia y que mejor haría en enseñarnos las cuentas en vez de meternos pájaros en la cabeza.

Pero nosotros nos lo pasamos mejor con ella que con la seño Piluca, aunque no se duerma después del recreo y no nos quede más remedio que hacer cada uno sus cuentas.

Cuando he llegado a comer a casa a mediodía mamá estaba haciendo la comida y Juanillo dormido y he visto que sus ojos están igual estos días de atrás. Como ibones llenos de agua a punto de desbordarse, aunque me sonría y finja estar bien.

Mientras mamá termina he empezado a escribir una poesía para llevarla a clase por la tarde, pero no me ha salido nada. La seño ha dicho que no importa si no nos sale nada, que lo importante es intentarlo. He puesto: una estrella se ha perdido, porque me acordaba de este verano que ví caer muchísimas. Y después he puesto: nadie sabe donde está, porque me acordaba de papá. Y luego no encontraba nada que rimase con “ caído” y mamá me ha dicho que recogiera el cuaderno para poner la mesa y justo en ese momento Juanillo se ha despertando llorando y han llegado los abuelos, así que ya no he podido encontrar ninguna palabra que rimase con “caído”.

La señotita Mary dice que tenemos que luchar para que no construyan el pantano, que no nos tenemos que marchar de casa, que tenemos que ir a Madrid para hablar con los del ministerio, la señorita Mary dice que seguramente papá está retenido porque le falta un papel que se llama pasaporte y que en pocos días sabremos algo de él, la señorita Mary dice que muy pronto cambiarán las cosas, la señorita Mary dice que soy muy inteligente y que escribo muy bien, la señorita Mary dice que puedo ir a la universidad, la señorita Mary sabe hablar francés y ha dicho que me enseñará.

Mamá dice que me paso la vida hablando de la señorita Mary.

Esta noche cuando se ha dormido Juanillo y mamá se ha puesto a coser he seguido con mi poesía y la he terminado:

Una estrella se ha caído/ nadie sabe donde está/Tal vez se cayó en la harina/ mientras papá hacía el pan./ Y ahora todos lo que coman/ el pan que hace mi papá/ se comerán una estrella/ y ninguno lo sabrá.

Yo cuando sea mayor quiero ser poetisa, porque cuando escribo la habitación se llena de neblina blanca y todo se suspende como si el tiempo no existiera y papá está aquí haciendo el pan como siempre. Y también quiero ser maestra, como la señorita Mary.

 

El pan de estrellas.

 

A.G.S.

Febrero de 2004

 

 

   
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