María.

Ella tiene ricitos rubios y apretados que le caen sin ruido por la espalda, una mirada larga y azulona sin pestañeos y un hermano que se llama Roberto, también tiene una extraña afición a pintarrajear cualquiera de los artículos de prensa que suelo guardar con celo, es por esta razón que en la actual columna advertirán vds. al leer que faltan datos, o que son inexactos, les ruego disculpen los errores en la comprensión que merece todo intento artístico precoz

Por ejemplo no consigo vislumbrar del todo - Maria ha dibujado unos pistilos justo en ese dato-, si los países de renta media registraron un descenso O,7% anual en el periodo comprendido entre 1985 y 1995 mientras que otras economías de renta más baja experimentaron un declive anual medio del 1´4%, que traducido al cristiano quiere decir que los países pobres son cada vez más pobres - y aquí prometo que María no ha metido mano-. Esta es la conclusión del artículo de Jeffrey Sachs, director del Instituto de Harvard para el Desarrollo Internacional, quien además insiste en que tanto los consejos del FMI como los del Banco Mundial no son científicos y que dicen lo que les conviene a los ricos, no lo que corresponde a la realidad. Parece ser que si los países pobres no despegan no es como se ha pretendido por falta de "gobiernos adecuados"- léase corruptos-, como se ha dado en decir, sino por un desconocimiento del entorno medioambiental de los llamados países pobres.

Antes de continuar con los problemas económicos mundiales que tanto nos amargan la vida a las horas del telediario, quiero presentarles a María con quien me une una extraña suerte de parentesco en absoluto sanguíneo, somos algo así como primas lejanas, tan lejanas que nadie se ha molestado en ponerle un nombre. María tiene papá, mamá y una casita con jardín en el campo y aunque está muy avezada en las áreas plásticas todavía no ha llegado a decir una frase completa, dice "pipi", "guagua" y cosas así. La diferencia entre María y un niño con el PIB por los suelos es el peso. Maria está gordita y sonrosada, los niños de su edad de los países pobres no.

El catedrático de Harvad que he mencionado más arriba sostiene que la diferencia entre María y el otro niño que pesa poco está en su medio ambiente; el primer grupo de economías pobres está compuesto por países de climas tropicales, subtropicales y desérticos, que tienen graves desventajas como las enfermedades infecciosas, los terrenos pobres y una baja productividad agrícola debido al efecto del calor excesivo en las plantas. Jeffrey Sachs sugiere una investigación científica exhaustiva del medio, en lugar del constante parcheo de dinero que nada soluciona si no se han investigado suficientemente las causas, si no se proponen procedimientos adecuados para paliar las desventajas.

Pero en un mundo gobernado por el dinero la voz de los científicos rigurosos clama en el desierto. El dinero tiene su propio lenguaje de cifras, su propio objetivo en si mismo, sin atender por qué, ni para qué.

Tal vez no sea una coincidencia, tal vez María cuando sea mayor, con su mano tan firme y contundente como ahora, logre tachar de una vez por todas esas macrocifras negativas y borrar los ojos de llanto y los vientres infantiles a punto de estallar de hambre.