Fracaso.

Los datos de las últimas encuestas realizadas a jóvenes españoles resultan algo más que inquietantes; para empezar tres de cada diez jovencitos de doce años no saben donde está el este ni el oeste y creen que la civilización romana es posterior al medioevo, además en algunas comunidades autónomas como Andalucía se ha detectado analfabetismo funcional en porcentajes superiores al cincuenta por ciento en alumnos que han concluido la educación primaria. Otra encuesta revela que la edad de inicio en el consumo de alcohol se sitúa en los trece años.

No obstante, y frente al estupor de los sensatos, en los colegios se sigue culpabilizando al propio alumno o a la familia de la deficiente educación y consiguiente fracaso, y los padres continúan financiando, sin enterarse, el inicio de sus retoños en las drogadicciones.

De la primera situación parece claramente responsable el profesorado, por mucho congreso sesudo que realicen y cuyas conclusiones a menudo consisten en quitarse el marrón de encima; de la segunda los responsables son los padres, porque sin preguntar demasiado les sueltan la pasta cada fin de semana.

El fracaso es evidente, al igual que devendrá en fracaso cualquier iniciativa que no contemple y controle adecuadamente a un profesorado empeñado en no asumir la responsabilidad sobre los conocimientos que adquiere el alumnado, un profesorado que contempla impasible la proliferación de clases particulares, incluso por Internet, sin cuestionarse lo que está sucediendo, ignorante, a menudo porque los padres lo ocultan, de que los primeros de la clase reciben apoyo particular por las tardes.

La correlación existente entre baja autoestima y drogadicción es evidente, pero ¿cómo es posible mantener una opinión correcta sobre uno mismo si a los doce años uno no sabe lo que está leyendo y a la vista de las notas en la familia es considerado como un tontolaba?

Es difícil mantener el tipo con ocho suspensos desde la primera evaluación, con broncas y castigos a porrillo por las malas notas, es difícil entrar en el aula con la losa encima, mirar cara a cara a un profesor que te acaba de amargar la vida y con el que tienes que convivir día tras día, es difícil llegar a casa y aguantar la tralla paterna y las comparaciones con la primita Isabel que siempre saca sobresalientes, es difícil vivir siendo un desastre, así que lo mejor es darse un paseo y probar a olvidar, aunque sea por un rato, el mal rollo.

La reforma a la vista del fracaso, incluye más horas lectivas en las materias troncales, pero misteriosamente no incluye medidas correctivas para aquellos profesores que se empeñan en suspender sistemáticamente al ochenta por ciento de su clase. Al parecer tendremos que seguir cargando y pagando- a funcionarios de la educación cuya actividad dentro del aula resulta enigmática a la vista de los resultados.