Contenedor de hombres. Huesca. Centro Cultural Matadero. Del 21 de junio al 3 de julio de 2005                  
                                               
Existe una secular relación entre el arte y la ausencia de libertad física. Una relación no casual.            
                             
 

Los versos más bellos que un padre ha dedicado a su hijo fueron escritos entre los húmedos muros de la cárcel de Alicante, conocida hoy por albergar entre ellos una emoción inaprensible, que burlando jueces y carceleros, procuradores y abogados, extendió su caricia inacabable hasta la frente del hijo y los senos de la esposa.

 

    Las Nanas de la Cebolla de Miguel Hernández son la prueba incontestable de la máxima libertad que un individuo puede conquistar: la realidad de sus emociones.  

Del mismo modo que la Cárcel de Alicante, la Real Cárcel de Sevilla tiene como honor especial el de haber sido la cuna donde Miguel de Cervantes dio vida, meció y alimentó a un Don Quijote , que posiblemente de otro modo, jamás hubiese visto la luz.

 

  Las pinturas de la Cárcel de Broto ratifican una vez más lo evidente. La privación de libertad, lejos de constituir un castigo, es una liberación para el individuo.  

Alejado del quehacer y las preocupaciones cotidianas, de las relaciones sociales, del contacto físico, ajeno al trasiego de las aspiraciones, los objetivos y las ambiciones, el interior, liberado, comienza a ejercer su verdadera función de modo consciente: la Creación.

 

 

 

Elegimos el modo en el que vivimos las experiencias que hemos creado. Creamos constantemente el universo en el que nos desarrollamos. No existen otros muros, ni otros jueces, ni otros carceleros, mas que nosotros mismos.

 

 
   
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